Maya Peters
Lynne Ashe

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Calificacion 5.7
Género:

Drama/ Thriller

País: USA
Duración: 92 min.
Año: 2017
Director: Elliott Lester
Reparto:
Arnold Schwarzenegger, Scoot McNairy, Maggie Grace, Kevin Zegers, Hannah Ware, Glenn Morshower, Mariana Klaveno, Mo McRae, Theresa Cook, Debra Herzog, Ted Williams, Larry Sullivan, Kim Evans, Christopher Darga, Michael Lowry, Danny Mooney

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Aftermath

Aftermath
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Un padre de familia (Arnold Schwarzenegger) buscará venganza contra el controlador del aeropuerto (Scoot McNairy) responsable del fallecimiento de su mujer e hija. Film basado en hechos reales, en los que en julio de 2002 un avión se estrelló dejando numerosas víctimas mortales .The film is based on the Überlingen mid-air collision with Bashkirian Airlines Flight 2937 and DHL Flight 611 over Southern Germany. Schwarzenegger’s character is based on Russian architect Vitaly Kaloyev, whose wife and two children died in the accident. He tracked down Peter Nielsen, the air traffic controller involved in the accident, through a private investigator and stabbed him two years afterwards in front of Nielsen’s three children. Kaloyev was sentenced to eight years but only served two as the court had not taken into consideration his mental state. Kaloyev criticized the film for distorting the events saying he was looking for justice not an apology and he felt that Nielsen, unlike the character of Jacob, showed no remorse. Por una parte, soy un tardío fan de la cinta original. En 1983 me pareció un pestiño (era un adolescente abducido por ‘La guerra de las galaxias’); en 1992, en mi opinión, el montaje del director mejoraba (y mucho) la propuesta; pero no fue hasta hace algunos pocos años, ya en formato blue-ray, en que me sedujo y cautivó por completo y sin reservas. Por otra parte, soy un entusiasta admirador del director Denis Villeneuve, de quien sólo he visto aciertos de todo género y planteamiento, un virguero de las imágenes y del montaje, un artista incontestable y evidente, lo mejor que me he encontrado en una sala de cine en lo que va de siglo. Es decir, que iba con ganas y sana curiosidad al cine, esperando encontrar un propuesta inédita y – sea cual fuera el camino elegido – llena de aciertos… pero nada más lejos de la realidad.Pero vayamos por partes, porque hay muchos aciertos pero también otros tantos deméritos dignos de mención. Entre lo positivo está la puesta en escena que recrea, prolonga y amplía la arrebatadora estética primigenia: esa llovizna casi constante, esa ausencia de horizonte, claridad y sol, ese opresivo presente de pesadilla que parece abocarnos al abismo, esa mezcolanza entre replicantes y humanos que vuelve confuso lo cotidiano y nos hace desconfiar tanto de lo que vemos como de lo que sentimos; una fotografía innovadora y sugerente, llena de claroscuros y contrastes, que nos engulle como un torbellino y nos escupe despojos hediondos a cada fotograma; una escenografía espeluznante que desdeña lo efímero y encumbra lo sintético y alambicado. Es decir, en cuanto al universo visual nos hallamos ante una propuesta insólita, apabullante y portentosa, llena de matices y aciertos.Sin embargo, las flaquezas y deficiencias acaban por erigirse en las grandes protagonistas de la función. Un metraje tan desmesurado como innecesario (sobra casi toda una hora), alargando las escenas hasta la inanición y la abulia; una historia tan poco carismática y tan porfiadamente vaporosa que hacedesfallecer el ánimo y obliga a esperar a que la próxima escena rescate del tedio al espectador y haga avanzar la trama hacia algún lugar digno de interés, cayendo siempre en subrayados innecesarios y en tópicos previsibles, ahogando toda ambigüedad y anulando cualquier estímulo. La calma y el reposo casan mal con una supuesta cinta de acción, por muy ensimismada y reflexiva que pretenda ser. Y las cavilaciones sobre la vida, la muerte, los milagros de la existencia y la magia de la procreación resultan tan patosas como primitivas, tan superficiales como chirriantes.Hay algunas escenas aisladas que descuellan y deslumbran, dignas de perdurar en la memoria cinéfila (como, entro otras, ese baile erótico que sobrepone a dos personajes en abigarrado aquelarre de lo imposible o ese ‘nacimiento’ brusco y sin remilgos de una replicante abocada a su exterminio), pero son momentos inconexos y solitarios, que impresionan por su esplendor y singularidad, pero desentonan por carecer de engarce y coherencia.Aftermath

“[Schwarzenegger] hace una sutil y absorbente interpretación del desaliento tan distinta al resto de su trabajo que su cara agobiada y con arrugas es por momentos irreconocible.”